Una expresión coloquial

26/Nov/2014

Libertad Digital, Elías Cohen

Una expresión coloquial

Mariola Vargas, ya
alcaldesa de Collado Villalba, defendió su honestidad y valía para el puesto
ante el examen de sus compañeros de partido afirmando que no es «un perro
judío». La mayoría de los periódicos y televisiones que cubrieron el nuevo
trámite anticorrupción establecido por el PP no repararon en la expresión de
marras; alguno que presumiblemente hubiera ido a todo trapo contra cualquier
expresión racista de una candidata del PP la calificó, simplemente, de
polémica. La reacción de los otros partidos fue prácticamente nula, con lo que
nos dejaron en la inocente duda de cómo habrían actuado si la expresión en
cuestión hubiera sido homófoba, o en contra de otro colectivo, como el musulmán
o el gitano.

Los judíos tienen la
lección bien aprendida y muestran tolerancia cero ante este tipo de
manifestaciones. Como recuerda Woody Allen en Scoop, los judíos somos muy
pesados enviando cartitas. Mariola Vargas contestó así a la que le envió la
Federación de Comunidades Judías de España, que le pedía una disculpa y una
rectificación: «Utilicé una frase hecha de nuestro lenguaje de forma
desafortunada». Posteriormente insistió ante los medios: «Utilicé una
expresión coloquial, muy madrileña, pero muy desafortunada».

Dejando de lado eso de
que es una expresión muy madrileña (como si tuviera el mismo rango que
«mola mazo»), es cierto que es bastante coloquial. En España sabemos
bien de la utilización de expresiones de marcado corte judeófobo: «perro
judío» o “judiada” son clásicos imperecederos, que por otro lado no hacen
del emisor un antisemita per se. Véase el caso de José Antonio Monago, quizá
uno de los políticos españoles en activo más simpatizantes con Israel, que el
pasado 5 de febrero utilizó la expresión «mercado de judíos» en referencia
a la financiación autonómica. Monago decoró su opinión sobre las actuales
balanzas fiscales, que según él dan lugar a un egoísmo exacerbado, utilizando
la palabra que su pensamiento asocia a egoísmo: judíos. Pidan disculpas o
muestren su palmarés de simpatías por Israel y los judíos, Monago y Vargas
asocian a los judíos ciertas malas artes y actitudes.

El escritor neoyorquino
Christian Nestell Bovee dijo que «el lenguaje denota al hombre», pero
hacía alusión a la pertenencia a una determinada clase social y no a la
condición humana del emisor. En una definición más atinada, Samuel Johnson, uno
de los grandes nombres de las Letras británicas, afirmó que el lenguaje es
«el vestido del pensamiento». Sin pretender caer en la costumbre
patria de la todología -de todo sé, de todo opino-, Johnson, presumo, tenía
razón: el lenguaje es el envoltorio que utilizamos no ya para expresar, también
para decorar, nuestro pensamiento.

Es menester ser justos y
aplicar la tesis del doctor Johnson a las expresiones que nos ocupan. Ese
antisemitismo en el lenguaje reside en el imaginario popular, heredero de una
tradición de 500 años sin presencia judía en la Península pero donde se ha
asociado a los judíos con la maldad, la avaricia, la traición y el egoísmo. De
ahí que judío sea una palabra despectiva para definir ciertas actitudes:
«Deja algo de propina, no seas judío». Algo similar sucede en la
celebración tradicional de beber limonada en las calles del Barrio Húmedo de
León durante la Semana Santa. Matar judíos está en el lenguaje, está en la
tradición y en el folclore, y, pese a su terrible significado, los leoneses lo
asocian a ir a beber limonada.

Con todo, no cabe la
justificación en la herencia recibida. Fue realmente vergonzoso que Mariola
Vargas utilizara esa expresión. Un representante público no debe utilizar
expresiones cavernarias que tanta sangre encierran en su historia. «Perro
judío» es una expresión racista, que evoca unos tiempos oscuros y ominosos
en que los judíos eran perseguidos, torturados y expulsados de la Península.

Esta herencia recibida es
también una forma, aunque pueda ser inconsciente, de mantener latentes
actitudes antisemitas. A este respecto, la Liga Antidifamación publicó en junio
un estudio sobre las actitudes antisemitas en todos los países del mundo y
España no salió bien parada: es el tercer país en Europa con más prejuicios
contra los judíos. Por otro lado, en una encuesta del Observatorio Escolar del
Ministerio de Educación llevada a cabo en 2010 entre 23.100 estudiantes de
secundaria, uno de cada dos dijo que no compartiría pupitre con un judío. En un
país como España, donde la comunidad judía no es muy numerosa, estas actitudes encuentran
explicación en las expresiones coloquiales, que mantienen vivos los prejuicios
contra los judío